Mi profesor, William, y su esposa, Madeline, habían salido de vacaciones por carretera. Mientras él conducía, ella tomó una manta y se acurrucó en el asiento trasero para dormir un rato. Al caer la tarde empezaron a discutir sobre si debían parar en un motel o turnarse para conducir toda la noche. El profesor quería seguir adelante, y su mujer, detenerse.
Se dirigieron a una gasolinera sin llegar a un acuerdo. Después de llenar el tamque, William condujo otras cuatro horas hasta que se percató de que Madeline no hacía ningún ruido ni se movía. Al detenerse y apartar la cobija del asiento de atras se llevó un susto: ¡había dejado a su esposa en la gasolinera! Cuando se dio cuenta que su marido se había marchado, Maeline le dejó recado con el dependiente, alquiló un cuarto en un motel y se fue directamente a la cama. Así que al final los dos obtuvieron lo que querían: ella se quedó en el motel y él condujo toda la noche.
Se dirigieron a una gasolinera sin llegar a un acuerdo. Después de llenar el tamque, William condujo otras cuatro horas hasta que se percató de que Madeline no hacía ningún ruido ni se movía. Al detenerse y apartar la cobija del asiento de atras se llevó un susto: ¡había dejado a su esposa en la gasolinera! Cuando se dio cuenta que su marido se había marchado, Maeline le dejó recado con el dependiente, alquiló un cuarto en un motel y se fue directamente a la cama. Así que al final los dos obtuvieron lo que querían: ella se quedó en el motel y él condujo toda la noche.
-Colaboración de Mike Davis
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