miércoles, 9 de diciembre de 2009

Deseos Cumplidos

Mi profesor, William, y su esposa, Madeline, habían salido de vacaciones por carretera. Mientras él conducía, ella tomó una manta y se acurrucó en el asiento trasero para dormir un rato. Al caer la tarde empezaron a discutir sobre si debían parar en un motel o turnarse para conducir toda la noche. El profesor quería seguir adelante, y su mujer, detenerse.
Se dirigieron a una gasolinera sin llegar a un acuerdo. Después de llenar el tamque, William condujo otras cuatro horas hasta que se percató de que Madeline no hacía ningún ruido ni se movía. Al detenerse y apartar la cobija del asiento de atras se llevó un susto: ¡había dejado a su esposa en la gasolinera! Cuando se dio cuenta que su marido se había marchado, Maeline le dejó recado con el dependiente, alquiló un cuarto en un motel y se fue directamente a la cama. Así que al final los dos obtuvieron lo que querían: ella se quedó en el motel y él condujo toda la noche.

-Colaboración de Mike Davis

lunes, 23 de noviembre de 2009

Y por eso lo mataron...

A mí me gusta leer el Selecciones en algunos ratos de ocio. Supongo que es una revista.. la verdad no sé como referirme a ese librito así que así lo dejaré. Hay historias muy interesantes sobre la vida de las personas como "Cuando la enfermedad no es mental sino física" o "Cómo escapamos de la bota nazi". También están las "minihistorias" que ponen al final de cada artículo y una de ellas, de un Selecciones de 1984, fue la que precisamente me hizo escribir esta instroducción. Dice así:

"La historia nos enseña que las enemistades entre las naciones no son eternas. Debemos conducir nuestros asuntos de tal manera que logremos despertar el interés de los comunistas en una paz genuina; permitir que cada nación elija su propio futuro, en la medida en que su elección no interfiera con las de otros paises. Si no podemos zanjar nuestras diferencias, por lo menos podemos contribuir a que exista una pacífica diversidad en el mundo."

-John F. Kennedy

domingo, 8 de noviembre de 2009

Monólogo

-Hoy no estoy de humor. No quiero que me digas eso que ya sé, simplemente no quiero digerirlo hoy.
-E, ¡contrólate! sé por lo que estás pasando.

Esa tarde E le había experimentado algo extraño durante el día, algo que le hizo encender esa mecha que ya tenía rato esperando ser quemada. Le tomó un odio a algo. No sabía a qué era, sólo sabía que lo sentía y buscaba una forma de expresarlo. Aventando cosas a la pared, como de costumbre, o abollando la puerta de madera con sus nudillos.

-Ya estoy harto de todo, ¡eso es! Sí, eso es. Es que, R, dime, ¿para qué me quedo aquí? No estoy haciendo lo que quiero, sólo me estoy reprimiendo. Lo que quiero se encuentra allá afuera, ¡y es tan fácil alcanzarlo! ¿Cómo es posible que no puedas entender eso? ¡Tú me conoces perfectamente! No trates de reprimirme aquí.

Incluso hubo un momento en que R tuvo que sujetarlo de los brazos para que la situación no se saliera de control. E decía que su vida apestaba. Simplemente había tenido un mal día.

El cuarto estaba un poco desordenado, pero no demasiado; no algo que tardaría más de unos meses y un par de experiencias en reordenar. A la guitarra aún le hacía falta la quinta cuerda, esa que se estrelló en la mano izquierda de E, dejándole una línea roja a lo largo.

-¿Y qué quieres hacer E? ¿mandar todo al carajo?
-¡Eso! ¡Eso es exactamente lo que quiero! mandar todo al carajo, todo. Mis planes, mi hogar, mi hipoteca, mi trabajo, mis impuestos, ¡Todo!
-No digas estupideces.

R se volteó hacia E, en una actitud imperante que a cualquiera hubiera intimidado, excepto, claro a E. R sabía exactamente qué era lo que ocurría con E. Ya había ocurrido esto antes, sólo que no a esta magnitud. En otras ocasiones E se limitaba a hacer algún comentario al respecto.

-¿Estupideces? Estupidez es quedarme aquí, "esperando" como siempre me dices. ¡Eso sí es una estupidez!.
-¿Quieres irte? anda, lárgate. Pero luego no vengas hacia mí arrepentido. Relájate un poco -y sin que E se diera cuenta (de haberlo hecho lo habría evitado) R se acercó al stéreo, y puso esa canción que sabía que calmaría un poco a E- analízalo carajo. Ahorita estás estable y no te falta nada, al contrario, poco a poco estás creando más de lo que haces. Acuérdate de esa vez que hablaste con Z, yo estaba ahí, lo sabes, recuerda lo que dijiste "tal vez ahorita mi vida no es lo que quiero o espero, pero lo que es ahorita es para tener lo que quiero y espero de mi vida". Acuérdate de eso siempre.

E se sentó en la cama destendida. Pasó los dedos a través de su largo cabello. Se agarró por última vez la orilla de ambos ojos con los que limita la nariz. Levantó la mirada hacia R y expresó un "gracias" con una mueca informal.

-Ven E, cálmate. Mira, te compré una guitarra nueva.

lunes, 19 de octubre de 2009

Fotografía

Ver una fotografía. Cientos de pequeños haces de luz viajan a travez del espacio entre el papel y nuestros ojos, siendo captados por los bastones y los canes convirtiéndolos en impulsos eléctricos que viajan por el nervio óptico hasta llegar a nuestro cerebro donde millones de neuronas son activadas en un orden específico y dan como resultado un recuerdo que libera endorfinas por todo nuestro cuerpo.

Por otro lado, ver una fotografía revive un momento del pasado: uno bueno, uno malo, uno alegre, uno triste, uno que te enorgullece, otro que te gustaría que nunca hubiera ocurrido. Pero sea cual sea siempre será una sensación agradable por que cada uno forma una parte de nuestro pasado. Es una alegría involuntaria al cagarte de risa por recordar lo que te pasó hace tres años con tu mejor amigo, o llorar por ver en la imagen a esa persona que ya no está entre nosotros.

Y cuando esto sucede (cuando el momento es traído a la vida nuevamente) en algunas veces te das cuenta de lo mucho que ha cambiado tu vida desde entonces. Es aquí donde la magia (o al menos una de ella) comienza.

Es como regresar ocho capítulos en la novela que estás leyendo por que no te acuerdas muy bien de un detalle que se menciona en la parte donde actualmente vas, y es necesario releerlo para entenderlo mejor. Te acuerdas de cuando leíste ese capítulo: dónde estabas, de dónde venías, qué hora era y lo que sentiste al leerlo. Pero sobre todo te das cuenta de todo lo que avanzaste inconscientemente al cambiar página por página y capítulo por capítulo.

Algunas cosas que salen en las fotos todavía están. Otras, no más. Incluso unas ni las recuerdas, pero algo tuvieron que ver contigo, porque de otro modo, no estarías sonriendo como lo haces en la foto. Cada una de ellas tiene un significado específico, ya que, de no ser así, la fotografía no existiría.

En esta etapa de mi vida he tomado y me han tomado muchas fotos, y no puedo evitar pensar qué sentiré al verlas dentro de cinco o diez años. ¿Quién estará todavía en mi vida? ¿Quién ya no? ¿Dónde estaré para ese entonces? ¿Dónde estará la persona que sale junto a mí? ¿Qué habrá sido de su vida? ¿Me recordará a caso? No me importa, yo la recuerdo a ella.

La vida es algo inceíble: nunca sabes cuándo darás vuelta a la página y descubras que el capítulo ya acabó y es hora de iniciar uno nuevo y al hacerlo, lo harás con todo lo que los momentos anteriores han dejado en tí. Todo se resume a la sinergía que todo esto conlleva. Se trata de algo infinito. Somos la suma de todos los momentos pasados, y cuando no sepamos el por qué de algo, siempre habrá una fotografía que mirar, que nos haga recordar por qué estamos donde estamos, y por qué nuestra vida es como es.

sábado, 26 de septiembre de 2009

¿Habrá alguien así?

¿Habrá alguien en pijama aún? alguien que no haya hecho nada hoy; alguien que haya estado todo el día en la computadora; alguien que haya sacado la de Bonbouns and Chocolat en el piano; alguien que esté platicando con alguien como E ahorita por el msn; alguien que se haya mojado en la lluvia hoy; alguien que acaba de ver un cortometraje parisino; alguien que decidió mandar al carajo sus obligaciones; alguien que quiere por un momento estar en otro lado; alguien que hace rato escuchó una nueva canción que cambió su vida; alguien que mejoró algo de su pasado hoy; en fin, ¿habrá alguien en el mundo que a las nueve y cacho de la noche de un día como hoy se preguntara si hay alguien en el mundo que se haga la misma pregunta?

Me gustaría conocer a esa persona.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Color my heart

Un día gris como cualquier otro. Me despierto con el roce de la cortina en mi mejilla que se mueve al compás de una repentina ráfaga de viento. Estoy en el mismo departamento de hace siete meses, y las paredes y el suelo en blanco y negro ya no son nada nuevo en mi vida. Todo es gris, con distintas tonalidades que permiten el sentido de profundidad y luz en mis ojos. Llego a la ventana con un café en la mano que me preparé en la cocina y me dispongo a aspirar un buen trozo de aire y me percato de las mismas caras grisáceas de cada día que aparecen allá abajo en la calle; edificios, avenidas, personas, cielo, sol... todo es gris. Un piano se escucha lejos, e interpreta esa canción de Broove llamada Heartbeats. Los tonos en blanco y negro no le dan demasiado sentido a las cosas, sin embargo, todo ocurre por alguna extraña razón que nadie comprende. El mundo se ha vuelto gris. La felicidad es algo de lo que ahora hablan los ancianos, cuyas barbas grises combinan con el contexto y los charcos en la acera ya no sirven más para que los niños jueguen. Incluso el centro amarillo de las flores que están en la entrada de los edificios se volvieron del mismo gris que la acera en la que han crecido. Sólo sus pétalos siguen del mismo color, y eso es por que siempre han sido blancos. Sin embargo, yo sé que aún aún estás tú en el mundo, en algún lugar y estoy decidido a llegar a tí puesto que tú eres un punto de color en un mundo de cenizas. En un mundo monocromático, buscaré en las profundidades de la Tierra y en los límites del cielo por tí.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Época de lluvias y cosas buenas

El reloj marca las diez con veinticinco de la mañana de un magestuoso Viernes en el que el sonido de las gotas copleando las hojas de los árboles y el motor del abanico que está en el tres conforman el soundtrack del momento y me hacen sentir tranquilo. En la ventana, unos ríos verticales escurren por el vidrio y de pronto me doy cuenta que todo está tal y donde debe estar. Hoy será un gran día.

Saludos

miércoles, 16 de septiembre de 2009

¿Fiestas patrias?

Ayer, como cada año, el presidente de la Rebública salió al balcón del palacio de gobierno en el DF a dar el tradicional grito de Independencia que tanto nos distingue como mexicanos. De pronto sentí un verdadero impulso por expresarme y sabía que tenía que llegar a este blog para hacerlo y es que para mí ayer no hubo ningún motivo para celebrar. En es que en realidad ¿qué estamos celebrando? ¿la Independencia de México? ¿cual Independencia? Si ninguno de nosotros es independiente. Nadie es libre en este país. Todos estamos sometidos por un gobierno ineficiente y con falta de capacitación lleno de pendejos corruptos que nos guían a donde a ellos más les conviene llevarnos. Somos un país UNICO en el mundo: tenemos una historia, cultura y raices hermosas y fácilmente podríamos ser uno de los mejores lugares del mundo, pero en vez de éso, preferimos tirar todo por la borda y cada vez más hundirmos en la miseria en la que nos encontramos. Tanta historia que tenemos y tanto nos ha costado llegar a donde estamos como para que una bola de pendejos, una sub-especie de la humanidad conocidos como "políticos", nos tengan así. "Somos como somos, por eso estamos como estamos" como dijo alguna vez el filósofo de Güemez. Me da tristeza todo ésto y por éso preferí no salir a festejar nuestra disque Independencia, por que en realidad considero que todo lo que pasó ayer se me hace una completa hipocresía, en toda la extensión de la palabra.

Gracias y hasta pronto.

jueves, 3 de septiembre de 2009

No pude ni siquiera decir "hola"

Te conocí ya hace tiempo, pero solo llegué a verte máximo en tres ocasiones en las cuales (y no te voy a mentir) sentí probablemente la misma sensación agradable que tú. Sabía que mientras hablábamos, ocurrían de por medio más cosas que un mero intercambio de palabras; cosas que, a pesar de que jamás son declaradas oficialmente, es obvio que están ahí. Llegaste a significar lo suficiente en mi vida como para a hacerle a P un comentario efímero acerca de nuestro efímero momento. A veces pienso que probablemente tú también lo hiciste con tu equivalente a P para mí. Me permito la idea de que así fue.

La cuarta (y ya intencionada) vez estaba decidido a pedirte tu teléfono para, de una vez por todas, dejar de consumir productos del lugar donde trabajas como pretexto para encontrarte por "casualidad". Sin embargo, esa vez tú ya no estabas ahí, al igual que ocurrió en la quinta ocasión. Pasó lo que tenía que pasar. O mejor dicho, no pasó lo que no tenía que pasar. Simplemtente no fue, pero no fue algo que haya sidnificado algo en mi vida por más de cuatro horas mediante un intercambio de ideas y experiencias similares con algún cuate. En una especie de lamento mezclado con burla (lo mejor que puedes hacer en un momento de crisis) me dispuse a despedirme de tí.

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Todo iba bien ese día. La exposición en la clase "X" fue todo un éxito a pesar de que la mayor parte de la misma fue mera improvisación. El sol estaba brillando con la misma calidez de las dos de la tarde de los días veraniegos en Tampico, y el cansancio para esa hora suponía un día exitoso hasta el momento. Sabía que llegando a la casa me encontraría, como de costumbre, con un apetitoso manjar, que hacía aún mayor su efecto en mi paladar gracias al hambre que caracteriza esa hora del día. Y lo mejor era que, como cada miércoles, la casa se encontraba completamente sola. Es bueno estar solo de vez en cuando. Te permite convivir contigo mismo, y nada más. Te da una oportunidad de pensar en por qué eres así, y regocijarte del éxito que esto conlleva. Estar solo te permite hacer únicamente lo que quieres hacer: escuchar el disco comprado en la feria con los mejores éxitos de The Beatles a todo volúmen, comer los bistecs encebollados y puré de papa en la cama mientras ves un poco de televisión, andar en ropa interior por toda la casa con fines de comodidad y como medida correctiva al calor que acecha, todo ésto sin ser juzgado absolutamente por nadie. Estar solo te permite aislarte del planeta Tierra por uno momento y ser el único habitante del planeta Evan, al igual que ocurría con Paco y Lola en aquella época (ver "Paco y Lola, descancen en paz").

Todo ésto y más ocurría desde que bajaba el último peldaño del autobús que me transporta a mi casa a cambio de unos razonables cinco pesos con cincuenta centavos. Así tiene que ser mientras que el pequeño General Lee (sí, mi bugui, al igual que en los Duques de Hazard) sale del taller mecánico.

Después de un día pesado en la universidad, pero dentro del promedio, esperar al dicho autobús es uno de los momentos más pesados del día, mentalmente. No sabes exactamente cuándo aparecera el dichoso vehículo en el final de la calle, y el momento en el que ésto sucede, te permites un poco de regocijo al saber que no faltan más de veinte minutos para estar en la casa.

Recuerdo que ése miércoles tardó lo que ahora para mí no es ni mucho ni poco, pero que en ese momento lleno de calor, polvo y ruido fue casi una eternidad.

Por fin estaba poniendo mi pié en el primer escalón del vehículo, cuando te ví de nuevo. Fueron los, aproximadamente, diez segundos más largos de mi vida. No esperaba verte por ahí, lo que me desconcertó, pero en ese momento no pude pensar lo que normalmente se pregunatría uno: ¿qué está haciendo aquí? Jamás olvidaré la mirada con la que me apuñalaste. Fue como si supieras exactamente que me iba a quedar parado a mitad de la calle viendo cómo te alejabas.
Controlaste la situación a cada instante, fuiste breve, precisa y silenciosa. Atacaste justo donde tenías que atacar. Se te presentó la oportunidad y supiste aprovecharla, supiste aprovechar la clara ventaja que tenías sobre mí, y éso me encantó. Fuiste elegante, hiciste justo lo que tenías que hacer, nada más ni nada menos. Me dominaste por completo, y sólo te tomó diez segundos y la sonrisa perfecta.

Con esa mirada me lo dijiste todo, sin decirme nada. Me hiciste saber que estabas ahí, de nuevo, después de tres meses de no saber nada de tí. Me hiciste saber que me estarías esperando, que yo tendría que ir a buscarte si es que quería saber de tí nuevamente. Comenzaste un juego excitante. Y yo no podía esperar más para empezar a jugarlo.

Definitivamente, mi día no transcurrió para nada como yo lo había planeado.

Han pasado tres miércoles desde entonces. En el mismo lugar y a la misma hora me encuentro, esperando saber algo de tí. Hacer ahora mi jugada en este ajedrez. Pero los minutos pasan y se van llevando la esperanza de encontrarte de nuevo. A las dos con quince concluyo que este no sería mi día de suerte, y sé que tendré que esperar otros siete días. Mientras escribo estas líneas pienso en que si alguna vez llegarás a leerlas. Me gustaría conocer tu opinión acerca del frustrado sujeto que no conociste. Tengo que verte de nuevo. Tengo que saber que pasa después. No puedo permitirnos dejar este cabo suelto. No pude ni siquiera decir "hola".



domingo, 30 de agosto de 2009

Experiencia invaluable

(Dar click en la imágen para agrandar)

Todos tenemos alguno o varios recuerdos de nuestra infancia. Unos son casi películas en los que toda la escena muestra hasta el más mínimo detalle. Otros, más bien, son como meras imágenes carentes de estructura, semejantes a un sueño, pero que a fin de cuentas nos tratan de decir algo. Uno de esos recuerdos para mí es el ir de pesca a la playa. Eran momentos increíbles donde pasaba de todo, desde mandar gorras y platos desechables hacia un papalote en pleno vuelo a través de la cuerda con la que lo sosteníamos, hasta la carne asada con sabor a chapopote gracias a que J la confundió una piedra normal, la cual usaríamos para sostener la parrilla del asador. ¿Y cómo olvidar las historias del Dedo Tripa del abuelo y las eternas excursiones por el litoral en busca de extraños e invaluables tesoros? Habrán sido 30 las veces que fuimos a pasar la noche en Miramar o Altamira, cada una de ellas, una experiencia única. La última de ellas habrá sido hace más de 5 años, y no se veían intenciones de una trigésimo primera ocasión.

Resulta que estaba equivocado.


Fue un fin de semana como ningún otro: volver cargar las cosas a la camioneta y obviamente olvidar algo y no darte cuenta de ello hasta llegar al destino; percibir de nuevo ese olor rancio a carnada que da una sensación de estar en casa. Tan solo revivir cada uno de los detalles grabados en mi mente como marcas permanentes de episodios de mi vida me hizo sentir como si tuviera en mis manos la versión moderna de mi clásico de cine favorito en el que, a pesar de saberme cada diálogo, el entusiasmo era indescriptible.

Solo que ahora no hubo historias de terror, ni papalotes, ni excursiones. En vez de éso, hubo reflexiones. No sé a qué se debió, pero supongo que fue el hecho de percibir el ecosistema ya no como un niño que muere por jugar, sino como un tipo que muere por vivir su vida. El hecho de estar a las 4 de la mañana bajo un campo infinito de estrellas; el sentir la arena húmeda en los pies desnudos; el no escuchar nada más que el sonido del mar, y no ver nada más que lo que la Luna desea que veas te hace tener una perspectiva de quién eres en realidad de tu rol en el Universo. Normalmente uno se siente como una persona más que paga su comida y sus necesidades con la intención de impulsar la economía de un mundo súmamente complejo manejado por el dinero y lo artificial, pero el vivir una experiencia como ésta y pasar tiempo tan cerca de la naturaleza te hace ver que todo lo que vives cotidianamente vale madre, que hay mucho más allá de lo que ves todos los días al pasar por avenida con luces en el camellón. Te hace ver lo pequeño que eres en realidad, y al mismo tiempo, lo importante que eres al existir. Te hace ver que eres parte de un sistema más complejo lleno de vida, naturaleza y cosas inexplicables. Te das cuenta de que todo el dinero que llegues a lograr en tu vida no significan nada. Te hace ver que eres parte del Universo, y que el Universo es parte de tí. Te das cuenta que el Universo es algo súmamente grande, complejo, vasto, pequeño, inexplicable, sinérgico, equilibrado, perfecto y que de alguna u otra forma, tú eres parte de todo éso. Éso es algo que te hace sonreir.


miércoles, 26 de agosto de 2009

Saber vivir


-¿Cuánto dura el presente?- le preguntó un alumno a su maestro en su clase de filosofía.
 

-Para saber eso tienes que analizar tu pasado ya que tu presente depende de tu pasado. - contestó el maestro.
 

El alumno pensó un momento las palabras de su maestro y después replicó.
 

-Y entonces ¿cómo sabemos cuándo llega nuestro futuro?
 

-Eso, amigo mío, depende de cómo vivas tu presente.
 

Dicho ésto, el alumno sonrió y comprendió que había aprendido una lección muy valiosa para toda su vida.

domingo, 23 de agosto de 2009

Un día de "ouch"


Y bueno, ésa es la patética perspectiva que tendrá mi laptop de mis manos por los próximos días. Resulta que un accidente por ahí de las cuatro de la tarde de ayer (ahorita ya son las 2:34 am) con un abanico en casa de Pedro me patrocinó una visita a urgencias en un hospital del norte de la ciudad y que por $270.00 me pude llevar estos elegantes souvenirs para los dedos. Es interesante apreciar las cosas desde una perspectiva distinta; ojalá mi laptop algún día pueda apreciar mis manos como yo las percibo, eso le devolvería la justicia al universo al hacer recíproco éste asunto de las perspectivas. En fin, solo espero recuperarme pronto y humildemente pido a Pedro que si encuentra por ahí el pedazo de piel que me hace falta del dedo anular, me lo haga saber de inmediato. De antemano, gracias.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Paco y Lola, descancen en paz.

Eran como las 6:45 de la mañana y como suele pasar de Lunes a Jueves a ésa hora, estaba en la ruta que menos me gusta de las dos que tengo en el colectivo para llegar a la universidad. Se trata de algo aleatorio, no depende de mí cuál de los dos autobuses pasará primero. Ésta ocasión no fue tan divertida (sí, es divertida, déjenme ser optimista) como las demás ya que justo subiendo el paso a desnivel que se encuentra frente al aeropuerto, unos rechinidos alarmantes hicieron retorcer mi interior, física y emocionalmente. Hubiera sido mejor que se tratara de las balatas del autobus, o de un ruido extraño causado por el moviniento extraño de un avión extraño que se aproxima a su aterrizaje. Pero no, se trataba de mis audífonos (Paco y Lola, para quienes no tuvieron el gusto de conocerlos). Eran como las 6:45 de la mañana, y como suele pasar después de tanto tiempo de uso, las cosas se acabaron para ellos. Y también para mí, al menos parcialmente, ya que el universo no se disfruta de igual manera sin música en tus oídos. Pero la vida sigue, y aún tengo otros amigos: está Laura, mi armónica, y por supuesto, mi piano, a quien me resulta imposible asignar un nombre ya que no existe uno lo sificientemente hermoso como para que lo describa en su totalidad. Pero sí, la vida sigue, aunque con unos amigos menos que ayer. En fin, supongo que éso me saco por comprar cosas en el "macalito". Que, por cierto, ¿será "mc'allito" para satirizar la famosa ciudad americana de la frontera?


martes, 18 de agosto de 2009

"Trance raro"

Ya la universidad no es como antes. ¿A dónde se habrá ido ése espíritu de rebeldía que caracterizó a la juventud de los 70's y 80's? O bueno, tal vez "rebeldía" no es la palabra que busco, creo que la sustituiré por "espontaneidad". La fiesta de bienvenida y el baile de elección de la embajadora rigen la vida social de los estudiantes, y eso ya no es chevere. Pero está bien, en una sociedad tan destruida (y estereotipada) como la nuestra, creo que esa conducta es bastante aceptable, incluso apremiable.

En cambio a mí... bueno, yo soy parte de otra historia: ésa que no es ninguna historia. Se acaba una clase y ¿ahora qué? Todos a comentar sobre el golpe que se dio el profesor con la televisión mal situada a un lado del pizarrón mientras explicaba cómo funcionan los capacitores, todo eso mientras se reunían al rededor de la máquina expendedora de alimento chatarra del tercer piso que en ciertas ocasiones ha sido mi mejor aliado en las largas jornadas matutinas(ver "Apenas es Lunes"). Yo prefiero ser mi propia compañía en la terraza y observar cómo se desarrolla el mundo bajo mis pies. Es un momento que yo mismo llamo "trance raro" que me da cuando estoy solo y mi mente comienza automáticamente a divagar. Es cuando dejo de ser parte del sistema y me convierto en un observador que se encuentra sobre el sistema. Y no puedo evitar hacerme preguntas. Resulta que uno siempre toma a las personas como unos de los elementos que conforman un ecosistema. No son más que unas necesarísimas siluetas en nuestro "reojo" que te hacen saber que eres parte de un sistema muy complejo que se llama sociedad. Te hace saber que no estás solo. Pero eso pasa cuando no estoy en mi "trance raro" por que cuando es asi, vaya... ¿cuántas historias no habrá detrás de cada rostro?: "¿Estaré embarazada?" "Me caga mi papá, hoy me ire de mi casa" "No puedo creer que después de tres años tenga a otro" "¿Cómo le haré para avisarle a mi jefe que hoy no podré ir a trabajar por culpa del examen? De seguro ésta vez me corre".

Hace poco estaba en uno de ésos "trances raros" observando el más mínimo detalle de lo que ocurría en el estacionamiento. Estaba "a reventar" excepto por un único lugar vacío de difícil acceso. Al poco tiempo llega éste tipo en su carro lujoso y meditando un poco, se queda en la entrada del estacionamiento. Finalmente se decide. Primero lo intentó de frente, desde un ángulo cerrado, después de un ángulo abierto. Nada. Decide intentarlo de reversa. De una manera, de otra manera. Nada. Se apartó un poco del lugar, supongo que para analizar la situación desde otra perspectiva y asi obtener una solucion lógica a su tremendo problema. Unos alumnos que se atravesaron en su camino le otorgaron unos segundos más, camuflando el tardarse demasiado para pensar en la situación. Lo volvió a intentar de frente, ésta vez dando un leve giro para encontrar un tercer ángulo. Nada. Se detuvo, golpeó el volante y blasfemó un poco, creo que eso era justo para él. Supongo que se dio cuenta que no estaba logrando nada y que sería mejor que abortara su plan antes de llamar la atención de varios "nadaquehacerhabientes". Tenía razón, pero al menos una persona ya lo había visto todo desde la terraza del tercer piso.

Y estoy alto muy alto
y las luces de los autos
que se frenan cada tanto y vuelven a avanzar

Y veo
a la gente corriendo
como una coreografía sin fin

(fragmento de "El fantasma" de grupo Árbol.)


miércoles, 12 de agosto de 2009

La coartada perfecta

Llegas y te sientas a la mesa. Jugueteas un poco con la servilleta a modo de ganar tiempo para comprobar si éste era uno de ésos lugares donde suelen colocarla en las piernas. Asimismo, tratas de encontrar una razón lógica para ésto, la que sea, cualquiera será mejor que "por que hace 500 años un virrey de Francia así lo quiso". Te das cuenta que la opción más absurda es la más apta para una situación absurda. Por un momento la ocasión te recuerda a ésa conferencia a la que asististe donde un tipo con acento español que hablaba de filosofía, entre sus temas principales, estaba el Ockhamismo, pero no llegas muy lejos. El pobre fraile se estaría revolcando en su tubma de saber lo que estuviste a punto de vacilar.

Volteas a ver el buffete del Domingo, cuya descripción hecha por alguien que no tenía ganas de responder a la pregunta "¿qué tal está?" sería "pues hay de todo un poco...". Indeciso, agarras un plato y caminas hacia la comida con la misma seguridad que un niño por el pasillo de una Iglesia durante su Primera Comunión. Empiezas a curiosear entre el arte culinaria como un novato que ignora las obras del Museo de Louvre, y no es hasta que ves un simple filete empanizado que te sientes como si el novato se topase con la obra de Da'Vinci y exclamara para hacer pasar desapercibida su ignorancia, pero con cierta seguridad en si mismo "Ahhh... la Mona Lisa...".

¿Qué te pasa? ¿Estás incómodo? ¿Ésto es muy distinto a comer solo en tu casa como siempre verdad, a pesar de que las otras tres sillas de tu mesa están también desocupadas?
Sabías que así sería, sin embargo tu adicción a la comida japonesa te hiso acceder a la recomendación de la televisora local. Se dice que aquí se sirven los mejores rollos de sushi de la ciudad. De hecho son tan exclusivos que solo se sirven los Domingos de 2 a 3 de la tarde. Con un poco de ayuda de la mala suerte descubres que tu reloj marca las 2:53, lo que significa que ya no se servirán más raciones. Tu plan de disimulación de quince minutos se vio saboteado por ésos malditos filetes empanizados. Te levantas de inmediato de la mesa ignorando que la servilleta se ha caído de tus piernas. Te diriges a la charola y alcanzas a distinguir cuatro o cinco rollos todavía. Alguien se atraviesa en tu camino, y al quitarlo de tu vista con un empujón involuntario ves a ésa pequeña siendo convencida por su madre de que pruebe esos misteriosos medallones blancos. Para ella, éso no era más que un asqueroso embutido de pescado crudo envuelto en arroz. Sin embargo, sobornada fácilmente por su madre, la niña accede a probar algo nuevo en su comida. Qué malo es que su madre conozca tan bien a su hija que esté tan segura de que le gustará la comida que vació en su plato los últimos ejemplares del mejor sushi de la ciudad. "Maldita sea" internas. Das media vuelta y te refugias en el filete empanizado. No te queda más que pensar que será el próximo Domingo. Necesitas actuar con urgencia. No puedes parar hasta que descubras por qué ya no va gente a tu local los Domingos desde que Yroito llegó a la ciudad. ¿Qué hace él que tú no?

Hace los mejores rollos de sushi de la ciudad. Tú, ya no.

Sucedió el 29 de Julio



Un entretenimiento vespertino inspirado en mi sustento matinal.
¡Oh delicioso y adictivo café!

lunes, 10 de agosto de 2009

Apenas es Lunes

Escrito a las 03:51 p.m.

Hoy, el día comenzó con la misma oscuridad y silencio con los que terminó el día anterior. A veces pienso que esto es una indispensable cualidad de los ciclos para evitar la monotonía, aunque en éste caso, la similitud fue exceptuada por las gotas que rociaron la jungla de asfalto algo antes de que apareciera su némesis astral y las evaporace horas más tarde. Sin embargo, hay que continuar desde donde nos quedamos, ni más ni menos. Los deberes habían vuelto: la universidad, el discurso retórico para volver legal algo ilegal, la espera del autobús, el soportar a la gente indeseable, el extrañar a la gente deseada. En fin, todo lo malditamente mundano. Y en esos casos la cafeína parece ser lo mejor en las últimas horas de la madrugada, y en éste caso lo fue, al menos por varias horas hasta que la provisión se agotó en mi sistema, reclamándome con párpados cada vez más pesados y un agudo dolor gastronómico. Lo último no lo pude remediar sino hasta hace unos minutos, de nuevo en la comodidad de mi despacho con los pies sobre la mesa, la espalda en una posición quiroprácticamente fatal pero hedónicamente perfecta, y unas manchas y boronas sobre la camisa que aderezaron el contexto culinario. Maldita hambre. Y ¿al rato qué? solo más obligaciónes: ir a aquí, ir a allá, terminar aquello, empezar lo nuevo. Pero así lo he decidido. Un día difícil solo significa una cosa: una semana difícil. Así tenía que ser, a fin de cuentas, apenas es Lunes.

Debut sin despedida

Creo que he llegado a la cantidad exacta de ideas que puedes tener en tu cabeza como para empezar a sentirte... ¿lleno? ¿vacío? No sabría decirlo, es tan ambigüo que me emociona. Descubrirlo sería una de ésas cosas que espontáneamente le dan sentido a la próxima hora de tu vida originalmente destinada a la nada. Son éste tipo de cosas las que me terminaron de convencer de mi locura. Escribirlas me tranquiliza, me da otra perspectiva del todo, y éso me gusta.
Confío en que ésta será una excitante experiencia ilimitada. Será una parte escencial de una sinergía intrínseca de constante desarrollo. No puedo esperar más. Me alegra haberme decidido.