domingo, 30 de agosto de 2009

Experiencia invaluable

(Dar click en la imágen para agrandar)

Todos tenemos alguno o varios recuerdos de nuestra infancia. Unos son casi películas en los que toda la escena muestra hasta el más mínimo detalle. Otros, más bien, son como meras imágenes carentes de estructura, semejantes a un sueño, pero que a fin de cuentas nos tratan de decir algo. Uno de esos recuerdos para mí es el ir de pesca a la playa. Eran momentos increíbles donde pasaba de todo, desde mandar gorras y platos desechables hacia un papalote en pleno vuelo a través de la cuerda con la que lo sosteníamos, hasta la carne asada con sabor a chapopote gracias a que J la confundió una piedra normal, la cual usaríamos para sostener la parrilla del asador. ¿Y cómo olvidar las historias del Dedo Tripa del abuelo y las eternas excursiones por el litoral en busca de extraños e invaluables tesoros? Habrán sido 30 las veces que fuimos a pasar la noche en Miramar o Altamira, cada una de ellas, una experiencia única. La última de ellas habrá sido hace más de 5 años, y no se veían intenciones de una trigésimo primera ocasión.

Resulta que estaba equivocado.


Fue un fin de semana como ningún otro: volver cargar las cosas a la camioneta y obviamente olvidar algo y no darte cuenta de ello hasta llegar al destino; percibir de nuevo ese olor rancio a carnada que da una sensación de estar en casa. Tan solo revivir cada uno de los detalles grabados en mi mente como marcas permanentes de episodios de mi vida me hizo sentir como si tuviera en mis manos la versión moderna de mi clásico de cine favorito en el que, a pesar de saberme cada diálogo, el entusiasmo era indescriptible.

Solo que ahora no hubo historias de terror, ni papalotes, ni excursiones. En vez de éso, hubo reflexiones. No sé a qué se debió, pero supongo que fue el hecho de percibir el ecosistema ya no como un niño que muere por jugar, sino como un tipo que muere por vivir su vida. El hecho de estar a las 4 de la mañana bajo un campo infinito de estrellas; el sentir la arena húmeda en los pies desnudos; el no escuchar nada más que el sonido del mar, y no ver nada más que lo que la Luna desea que veas te hace tener una perspectiva de quién eres en realidad de tu rol en el Universo. Normalmente uno se siente como una persona más que paga su comida y sus necesidades con la intención de impulsar la economía de un mundo súmamente complejo manejado por el dinero y lo artificial, pero el vivir una experiencia como ésta y pasar tiempo tan cerca de la naturaleza te hace ver que todo lo que vives cotidianamente vale madre, que hay mucho más allá de lo que ves todos los días al pasar por avenida con luces en el camellón. Te hace ver lo pequeño que eres en realidad, y al mismo tiempo, lo importante que eres al existir. Te hace ver que eres parte de un sistema más complejo lleno de vida, naturaleza y cosas inexplicables. Te das cuenta de que todo el dinero que llegues a lograr en tu vida no significan nada. Te hace ver que eres parte del Universo, y que el Universo es parte de tí. Te das cuenta que el Universo es algo súmamente grande, complejo, vasto, pequeño, inexplicable, sinérgico, equilibrado, perfecto y que de alguna u otra forma, tú eres parte de todo éso. Éso es algo que te hace sonreir.


miércoles, 26 de agosto de 2009

Saber vivir


-¿Cuánto dura el presente?- le preguntó un alumno a su maestro en su clase de filosofía.
 

-Para saber eso tienes que analizar tu pasado ya que tu presente depende de tu pasado. - contestó el maestro.
 

El alumno pensó un momento las palabras de su maestro y después replicó.
 

-Y entonces ¿cómo sabemos cuándo llega nuestro futuro?
 

-Eso, amigo mío, depende de cómo vivas tu presente.
 

Dicho ésto, el alumno sonrió y comprendió que había aprendido una lección muy valiosa para toda su vida.

domingo, 23 de agosto de 2009

Un día de "ouch"


Y bueno, ésa es la patética perspectiva que tendrá mi laptop de mis manos por los próximos días. Resulta que un accidente por ahí de las cuatro de la tarde de ayer (ahorita ya son las 2:34 am) con un abanico en casa de Pedro me patrocinó una visita a urgencias en un hospital del norte de la ciudad y que por $270.00 me pude llevar estos elegantes souvenirs para los dedos. Es interesante apreciar las cosas desde una perspectiva distinta; ojalá mi laptop algún día pueda apreciar mis manos como yo las percibo, eso le devolvería la justicia al universo al hacer recíproco éste asunto de las perspectivas. En fin, solo espero recuperarme pronto y humildemente pido a Pedro que si encuentra por ahí el pedazo de piel que me hace falta del dedo anular, me lo haga saber de inmediato. De antemano, gracias.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Paco y Lola, descancen en paz.

Eran como las 6:45 de la mañana y como suele pasar de Lunes a Jueves a ésa hora, estaba en la ruta que menos me gusta de las dos que tengo en el colectivo para llegar a la universidad. Se trata de algo aleatorio, no depende de mí cuál de los dos autobuses pasará primero. Ésta ocasión no fue tan divertida (sí, es divertida, déjenme ser optimista) como las demás ya que justo subiendo el paso a desnivel que se encuentra frente al aeropuerto, unos rechinidos alarmantes hicieron retorcer mi interior, física y emocionalmente. Hubiera sido mejor que se tratara de las balatas del autobus, o de un ruido extraño causado por el moviniento extraño de un avión extraño que se aproxima a su aterrizaje. Pero no, se trataba de mis audífonos (Paco y Lola, para quienes no tuvieron el gusto de conocerlos). Eran como las 6:45 de la mañana, y como suele pasar después de tanto tiempo de uso, las cosas se acabaron para ellos. Y también para mí, al menos parcialmente, ya que el universo no se disfruta de igual manera sin música en tus oídos. Pero la vida sigue, y aún tengo otros amigos: está Laura, mi armónica, y por supuesto, mi piano, a quien me resulta imposible asignar un nombre ya que no existe uno lo sificientemente hermoso como para que lo describa en su totalidad. Pero sí, la vida sigue, aunque con unos amigos menos que ayer. En fin, supongo que éso me saco por comprar cosas en el "macalito". Que, por cierto, ¿será "mc'allito" para satirizar la famosa ciudad americana de la frontera?


martes, 18 de agosto de 2009

"Trance raro"

Ya la universidad no es como antes. ¿A dónde se habrá ido ése espíritu de rebeldía que caracterizó a la juventud de los 70's y 80's? O bueno, tal vez "rebeldía" no es la palabra que busco, creo que la sustituiré por "espontaneidad". La fiesta de bienvenida y el baile de elección de la embajadora rigen la vida social de los estudiantes, y eso ya no es chevere. Pero está bien, en una sociedad tan destruida (y estereotipada) como la nuestra, creo que esa conducta es bastante aceptable, incluso apremiable.

En cambio a mí... bueno, yo soy parte de otra historia: ésa que no es ninguna historia. Se acaba una clase y ¿ahora qué? Todos a comentar sobre el golpe que se dio el profesor con la televisión mal situada a un lado del pizarrón mientras explicaba cómo funcionan los capacitores, todo eso mientras se reunían al rededor de la máquina expendedora de alimento chatarra del tercer piso que en ciertas ocasiones ha sido mi mejor aliado en las largas jornadas matutinas(ver "Apenas es Lunes"). Yo prefiero ser mi propia compañía en la terraza y observar cómo se desarrolla el mundo bajo mis pies. Es un momento que yo mismo llamo "trance raro" que me da cuando estoy solo y mi mente comienza automáticamente a divagar. Es cuando dejo de ser parte del sistema y me convierto en un observador que se encuentra sobre el sistema. Y no puedo evitar hacerme preguntas. Resulta que uno siempre toma a las personas como unos de los elementos que conforman un ecosistema. No son más que unas necesarísimas siluetas en nuestro "reojo" que te hacen saber que eres parte de un sistema muy complejo que se llama sociedad. Te hace saber que no estás solo. Pero eso pasa cuando no estoy en mi "trance raro" por que cuando es asi, vaya... ¿cuántas historias no habrá detrás de cada rostro?: "¿Estaré embarazada?" "Me caga mi papá, hoy me ire de mi casa" "No puedo creer que después de tres años tenga a otro" "¿Cómo le haré para avisarle a mi jefe que hoy no podré ir a trabajar por culpa del examen? De seguro ésta vez me corre".

Hace poco estaba en uno de ésos "trances raros" observando el más mínimo detalle de lo que ocurría en el estacionamiento. Estaba "a reventar" excepto por un único lugar vacío de difícil acceso. Al poco tiempo llega éste tipo en su carro lujoso y meditando un poco, se queda en la entrada del estacionamiento. Finalmente se decide. Primero lo intentó de frente, desde un ángulo cerrado, después de un ángulo abierto. Nada. Decide intentarlo de reversa. De una manera, de otra manera. Nada. Se apartó un poco del lugar, supongo que para analizar la situación desde otra perspectiva y asi obtener una solucion lógica a su tremendo problema. Unos alumnos que se atravesaron en su camino le otorgaron unos segundos más, camuflando el tardarse demasiado para pensar en la situación. Lo volvió a intentar de frente, ésta vez dando un leve giro para encontrar un tercer ángulo. Nada. Se detuvo, golpeó el volante y blasfemó un poco, creo que eso era justo para él. Supongo que se dio cuenta que no estaba logrando nada y que sería mejor que abortara su plan antes de llamar la atención de varios "nadaquehacerhabientes". Tenía razón, pero al menos una persona ya lo había visto todo desde la terraza del tercer piso.

Y estoy alto muy alto
y las luces de los autos
que se frenan cada tanto y vuelven a avanzar

Y veo
a la gente corriendo
como una coreografía sin fin

(fragmento de "El fantasma" de grupo Árbol.)


miércoles, 12 de agosto de 2009

La coartada perfecta

Llegas y te sientas a la mesa. Jugueteas un poco con la servilleta a modo de ganar tiempo para comprobar si éste era uno de ésos lugares donde suelen colocarla en las piernas. Asimismo, tratas de encontrar una razón lógica para ésto, la que sea, cualquiera será mejor que "por que hace 500 años un virrey de Francia así lo quiso". Te das cuenta que la opción más absurda es la más apta para una situación absurda. Por un momento la ocasión te recuerda a ésa conferencia a la que asististe donde un tipo con acento español que hablaba de filosofía, entre sus temas principales, estaba el Ockhamismo, pero no llegas muy lejos. El pobre fraile se estaría revolcando en su tubma de saber lo que estuviste a punto de vacilar.

Volteas a ver el buffete del Domingo, cuya descripción hecha por alguien que no tenía ganas de responder a la pregunta "¿qué tal está?" sería "pues hay de todo un poco...". Indeciso, agarras un plato y caminas hacia la comida con la misma seguridad que un niño por el pasillo de una Iglesia durante su Primera Comunión. Empiezas a curiosear entre el arte culinaria como un novato que ignora las obras del Museo de Louvre, y no es hasta que ves un simple filete empanizado que te sientes como si el novato se topase con la obra de Da'Vinci y exclamara para hacer pasar desapercibida su ignorancia, pero con cierta seguridad en si mismo "Ahhh... la Mona Lisa...".

¿Qué te pasa? ¿Estás incómodo? ¿Ésto es muy distinto a comer solo en tu casa como siempre verdad, a pesar de que las otras tres sillas de tu mesa están también desocupadas?
Sabías que así sería, sin embargo tu adicción a la comida japonesa te hiso acceder a la recomendación de la televisora local. Se dice que aquí se sirven los mejores rollos de sushi de la ciudad. De hecho son tan exclusivos que solo se sirven los Domingos de 2 a 3 de la tarde. Con un poco de ayuda de la mala suerte descubres que tu reloj marca las 2:53, lo que significa que ya no se servirán más raciones. Tu plan de disimulación de quince minutos se vio saboteado por ésos malditos filetes empanizados. Te levantas de inmediato de la mesa ignorando que la servilleta se ha caído de tus piernas. Te diriges a la charola y alcanzas a distinguir cuatro o cinco rollos todavía. Alguien se atraviesa en tu camino, y al quitarlo de tu vista con un empujón involuntario ves a ésa pequeña siendo convencida por su madre de que pruebe esos misteriosos medallones blancos. Para ella, éso no era más que un asqueroso embutido de pescado crudo envuelto en arroz. Sin embargo, sobornada fácilmente por su madre, la niña accede a probar algo nuevo en su comida. Qué malo es que su madre conozca tan bien a su hija que esté tan segura de que le gustará la comida que vació en su plato los últimos ejemplares del mejor sushi de la ciudad. "Maldita sea" internas. Das media vuelta y te refugias en el filete empanizado. No te queda más que pensar que será el próximo Domingo. Necesitas actuar con urgencia. No puedes parar hasta que descubras por qué ya no va gente a tu local los Domingos desde que Yroito llegó a la ciudad. ¿Qué hace él que tú no?

Hace los mejores rollos de sushi de la ciudad. Tú, ya no.

Sucedió el 29 de Julio



Un entretenimiento vespertino inspirado en mi sustento matinal.
¡Oh delicioso y adictivo café!

lunes, 10 de agosto de 2009

Apenas es Lunes

Escrito a las 03:51 p.m.

Hoy, el día comenzó con la misma oscuridad y silencio con los que terminó el día anterior. A veces pienso que esto es una indispensable cualidad de los ciclos para evitar la monotonía, aunque en éste caso, la similitud fue exceptuada por las gotas que rociaron la jungla de asfalto algo antes de que apareciera su némesis astral y las evaporace horas más tarde. Sin embargo, hay que continuar desde donde nos quedamos, ni más ni menos. Los deberes habían vuelto: la universidad, el discurso retórico para volver legal algo ilegal, la espera del autobús, el soportar a la gente indeseable, el extrañar a la gente deseada. En fin, todo lo malditamente mundano. Y en esos casos la cafeína parece ser lo mejor en las últimas horas de la madrugada, y en éste caso lo fue, al menos por varias horas hasta que la provisión se agotó en mi sistema, reclamándome con párpados cada vez más pesados y un agudo dolor gastronómico. Lo último no lo pude remediar sino hasta hace unos minutos, de nuevo en la comodidad de mi despacho con los pies sobre la mesa, la espalda en una posición quiroprácticamente fatal pero hedónicamente perfecta, y unas manchas y boronas sobre la camisa que aderezaron el contexto culinario. Maldita hambre. Y ¿al rato qué? solo más obligaciónes: ir a aquí, ir a allá, terminar aquello, empezar lo nuevo. Pero así lo he decidido. Un día difícil solo significa una cosa: una semana difícil. Así tenía que ser, a fin de cuentas, apenas es Lunes.

Debut sin despedida

Creo que he llegado a la cantidad exacta de ideas que puedes tener en tu cabeza como para empezar a sentirte... ¿lleno? ¿vacío? No sabría decirlo, es tan ambigüo que me emociona. Descubrirlo sería una de ésas cosas que espontáneamente le dan sentido a la próxima hora de tu vida originalmente destinada a la nada. Son éste tipo de cosas las que me terminaron de convencer de mi locura. Escribirlas me tranquiliza, me da otra perspectiva del todo, y éso me gusta.
Confío en que ésta será una excitante experiencia ilimitada. Será una parte escencial de una sinergía intrínseca de constante desarrollo. No puedo esperar más. Me alegra haberme decidido.