Oficialmente mi educación comenzó a los 4 años, en un conocido colegio llamado “Félix de Jesús”. Para quienes no lo conocen se trata de un colegio de monjas, donde todas las semanas llevábamos clases de formación humana, íbamos los jueves a la capilla unos minutos, hacíamos oración grupal antes de comenzar el día entre otras cosas que a muchos (lamentablemente incluidos mis padres) les parecerían ideales para la formación de sus hijos. Durante la primaria no fui el niño más popular: mientras todos jugaban futbol en las canchas, yo prefería juntarme con unos tres o cuatro amigos a intercambiar tazos o a jugar cualquier otro juego improvisado. Cada año iban rotando mis amistades, dependiendo dónde fuera que la nueva maestra me sentara en el salón, a excepción de los dos cuates quienes los seis años estuvieron enfrente y detrás de mí en la fila (yo fui el tercero toda la primaria). Pocas veces tuve problemas con otros compañeros, salvo por un par de veces que empezaban a chingarme, pero en general, a pesar de no ser el más popular como ya mencioné, me daba a respetar. A decir verdad, dentro de lo que cabe, la primaria para mí transcurrió sin ninguna anormalidad.
La secundaria fue donde todo comenzaba a cambiar, y creo que eso se debe a esos pelos que nos comenzaban a salir a todos en el cuerpo. Como dije estuve en un colegio de monjas, los cuales aparentemente ofrecen a los pupilos una educación de primer nivel. Es sólo se ve desde afuera; estando dentro la cosa es muy distinta. Los colegios de monjas no son nada baratos (¿dónde queda la humildad de la que tanto hablan en la religión?), y yo no cago dinero, a diferencia de mis ex compañeros, a quienes se les hacía facilísimo gastar miles de pesos en alcohol, a quienes no les importaba manejar ebrios y chocar sus autos, total conseguirían uno nuevo con la misma facilidad con la que consiguieron el primero. Y en cuanto al sexo, caray… supe de una morra a quien casi violan entre como 5 weies en la cochera de uno de ellos, y digo “casi” no porque no se la hayan cogido entre todos, sino porque la morra se dejó con tal de que no le fuera tan mal. Qué tiempos aquellos, comenzaban las banditas a reclamar sus dominios, agarrándose a madrazos en el cine porque fulano mató en Tibia1 a sutano. Si en la primaria era un chico ligeramente solitario por no querer jugar futbol en los recreos, ya se han de imaginar cómo fue mi secundaria con esto que les cuento.
Una vez terminada la secundaria las mismas monjas del Félix me ofrecieron personalmente quedarme ahí para cursar la prepa con mi respectiva beca, dado mi buen rendimiento académico durante los tres últimos años. El detalle es que yo ya no podía más. Otros tres años de hipocresías serían simplemente demasiado. Decidí largarme de ahí cuanto antes. La nueva prepa indiscutiblemente sería aquella en donde trabaja mi padre, porque como ya dije, yo no cago dinero. Académicamente la considero una pérdida de tiempo: fueron tres años en los que lo que llegué a aprender ahí la verdad es que ahora ya no lo recuerdo por el simple hecho de que no me sirve para nada. Aunque fue en ese periodo en el que hice las pocas amistades que hasta la fecha conservo. La verdad no tengo mucho de qué hablar al respecto.
1 Tibia: videojuego en internet en tiempo real.
Y por fin llegamos a la universidad, que es donde me encuentro ahora. Yo comencé mi carrera universitaria en la misma escuela donde realicé mi preparatoria. Supongo que no lo pensé demasiado y me dejé seducir por las becas y la facilidad de los trámites. Aparte porque mi padre trabaja ahí, lo cual suponía una ventaja administrativa (posteriormente comprobé varias veces que así sería). La carrera se llamaba Ingeniería en Sistemas Computacionales y Electrónica. Caray, con ese nombre ¿cómo pensarlo dos veces? Comencé la carrera y me sentía como pez en el agua, como dijo alguna vez un muy apreciado maestro que tuve, “dejamos de ser cabeza de ratón y nos convertimos en cola de león” ya era nivel profesional, y el simple hecho de utilizar esa palabra me emocionaba cabrón. Todo iba muy padre los primeros semestres, cuando por ahí del tercero o cuarto se hizo evidente la lentitud con la que avanzábamos en la carrera. Me di cuenta que todos los temas los estábamos viendo a medias, y yo, al ser muy curioso sobre el porqué de todo, no estaba satisfecho en lo absoluto. Aparte que muchos de mis compañeros de ese entonces la verdad sólo estaban ahí porque era extremadamente fácil cursar la carrera y conseguir el título. Lo cierto es que desenvolverme en ese ambiente comenzó a darme una weba tremenda, tanta mediocridad me daba asco y el hecho de pensar que en ese lugar no podría desarrollar todo mi potencial me aterraba. No fue hasta un día de la primavera del 2010 que gané un volado contra mí mismo, y con eso decidí largarme de ahí de una vez por todas y comenzar de nuevo en otro lugar.
Ese otro lugar fue el Instituto Tecnológico de Ciudad Madero, una universidad para ingenieros supuestamente muy reconocida a nivel nacional, cuyos alumnos han ganado numerosos primeros lugares en concursos de creatividad, matemáticas, química, entre otras materias. Para entonces yo ya tenía otros ojos, y las becas y las facilidades de trámites ya no eran factor para decidirme. Conseguí que me revalidaran un semestre de lo ya cursado en mi carrera anterior, y tal como ocurrió aquella primera vez, sentía que no podría estar en un mejor lugar. Estaba en una universidad dedicada exclusivamente para ingenieros. El hecho de ir por los pasillos y escuchar a alguien hablando sobre algún proyecto era genial. Estaba aprendiendo cosas que jamás me hubiera imaginado que existían y lo que en un principio me había costado comenzar de nuevo en otro lugar, ahora sabía que había valido la pena. Sólo había un problema, se trataba de una universidad pública, lo cual supone una extrema burocracia y lo que es peor aún: corrupción.
La corrupción es exagerada, la hay por todo lo cual significa que la gran mayoría (estoy hablando tentativamente de 17 de cada 20 personas) manejan su carrera a través de la corrupción. Es de lo más común, al grado de que existe una oficina, no oficial por supuesto, dedicada exclusivamente al trámite de sobornos. ¡Esto me parece terriblemente patético! ¿Por qué mejor no se van a Tepito que por dos mil pesos te tienen tu título certificado en una semana? No sé de qué se trata, o a qué le tira la gente. Se supone que un ingeniero debe ser curioso, cuestionarse el porqué de todo y encontrar una explicación de por qué ocurren las cosas como ocurren. Si bien viene implícito en el término, se trata de tener ingenio. Es raro toparme con una persona en el Tec que piense de esta manera. El primer semestre tengo entendido que otro chavo aparte de mí fuimos los únicos que no pagamos al profe que nos quería bajar mil baros para pasar. Nos lo chingamos, nos pasó y no nos cobró. El segundo semestre el profe era un webón bueno para nada, faltó tres semanas seguidas y la raza (me incluyo) no sabía qué hacer a la hora del examen. Dediqué gran parte del semestre a leer libros de la materia, a estudiar por mi cuenta, al grado de terminar dándole clase al resto de mis compañeros, haciendo el trabajo de mi profesor. Yo fui el único noventa de los tres grupos a quienes dio clases ese pendejo, del resto, la gran mayoría pagaron por su setenta. Y ahora en este tercer semestre estoy de nuevo en la cuerda floja. Esta vez tengo la certeza de que fui el único quien no pagó el soborno, lo cual me pone en una clara desventaja. Y como las calificaciones se compraron a mediados de semestre, pues el profesor ya está contento, ya no tiene muchas razones para seguir viniendo a dar clases.
Es evidente que la educación en México es muy deficiente. En mi particular caso, la educación en México es sólo un pretexto, un motivo para realizar negocios, es sólo una idea que un grupo de monjas venden a los padres para hacerlos creer que tendrán una educación excelente en su primera etapa de formación; es una institución que se mantiene actualmente sólo para que el alumno le pague el chupe a su profesor, porque de desaparecer ésta, el bastardo tendría que pagarse sus propios vicios. ¿Qué te enseñan en la primaria? ¿Los adverbios y el objeto directo e indirecto? Eso es algo que se aprende de la literatura ¿De qué sirve saber qué son si ni siquiera fomentan la lectura? ¿Y en la secundaria? ¿Los ríos de Europa y la capital de Noruega? Como si esos conocimientos me fueran a generar el dinero que necesito para siquiera conocer el Sena u Oslo. ¿La historia trastornada y manipulada historia de México? ¿La ley de la conservación de la materia y energía? ¡¿Qué putas va a hacer un morro de 13 con esa información?! Mejor enseñen valores y educación sexual de una manera que realmente se puedan comprender, no con dinámicas estúpidas y documentales de los 80’s.
Es lamentable la educación en nuestro país, se lleva como un protocolo y nunca se cuestiona nada sobre el mismo. Como dije, la educación en México es sólo un pretexto, educar a las nuevas generaciones es lo que menos importa en las instituciones educativas, ahora se trata solamente de pagar una cantidad razonable para mantener contenta a la institución y esperar algún día conseguir el pinche papel que diga que ya somos profesionales.
Toda mi vida he desencajado del contexto en el que me intento desarrollar, siempre estuve buscando un mejor lugar para mí, y desenvolverme con personas más de acuerdo con mi manera de pensar. Luego de tanto buscar y no encontrar ese lugar, he decidido rendirme. No rendirme en cuanto a olvidar mis principios, sino en aceptar que esta sociedad no los tiene y que nunca voy a encajar en la misma. Lo cierto es que ahora ya no tengo a dónde “huir” esta es mi última oportunidad y debo hacer lo mejor que se pueda con lo que tengo, esperando algún día tener los recursos para irme de aquí, a un lugar donde pueda encontrar para mis hijos una mejor calidad de vida. Lo siento mucho, México.