jueves, 3 de noviembre de 2011

Pintar sin salirse de la raya no lo es todo.

Oficialmente mi educación comenzó a los 4 años, en un conocido colegio llamado “Félix de Jesús”. Para quienes no lo conocen se trata de un colegio de monjas, donde todas las semanas llevábamos clases de formación humana, íbamos los jueves a la capilla unos minutos, hacíamos oración grupal antes de comenzar el día entre otras cosas que a muchos (lamentablemente incluidos mis padres) les parecerían ideales para la formación de sus hijos. Durante la primaria no fui el niño más popular: mientras todos jugaban futbol en las canchas, yo prefería juntarme con unos tres o cuatro amigos a intercambiar tazos o a jugar cualquier otro juego improvisado. Cada año iban rotando mis amistades, dependiendo dónde fuera que la nueva maestra me sentara en el salón, a excepción de los dos cuates quienes los seis años estuvieron enfrente y detrás de mí en la fila (yo fui el tercero toda la primaria). Pocas veces tuve problemas con otros compañeros, salvo por un par de veces que empezaban a chingarme, pero en general, a pesar de no ser el más popular como ya mencioné, me daba a respetar. A decir verdad, dentro de lo que cabe, la primaria para mí transcurrió sin ninguna anormalidad.

La secundaria fue donde todo comenzaba a cambiar, y creo que eso se debe a esos pelos que nos comenzaban a salir a todos en el cuerpo. Como dije estuve en un colegio de monjas, los cuales aparentemente ofrecen a los pupilos una educación de primer nivel. Es sólo se ve desde afuera; estando dentro la cosa es muy distinta. Los colegios de monjas no son nada baratos (¿dónde queda la humildad de la que tanto hablan en la religión?), y yo no cago dinero, a diferencia de mis ex compañeros, a quienes se les hacía facilísimo gastar miles de pesos en alcohol, a quienes no les importaba manejar ebrios y chocar sus autos, total conseguirían uno nuevo con la misma facilidad con la que consiguieron el primero. Y en cuanto al sexo, caray… supe de una morra a quien casi violan entre como 5 weies en la cochera de uno de ellos, y digo “casi” no porque no se la hayan cogido entre todos, sino porque la morra se dejó con tal de que no le fuera tan mal. Qué tiempos aquellos, comenzaban las banditas a reclamar sus dominios, agarrándose a madrazos en el cine porque fulano mató en Tibia1 a sutano. Si en la primaria era un chico ligeramente solitario por no querer jugar futbol en los recreos, ya se han de imaginar cómo fue mi secundaria con esto que les cuento.

Una vez terminada la secundaria las mismas monjas del Félix me ofrecieron personalmente quedarme ahí para cursar la prepa con mi respectiva beca, dado mi buen rendimiento académico durante los tres últimos años. El detalle es que yo ya no podía más. Otros tres años de hipocresías serían simplemente demasiado. Decidí largarme de ahí cuanto antes. La nueva prepa indiscutiblemente sería aquella en donde trabaja mi padre, porque como ya dije, yo no cago dinero. Académicamente la considero una pérdida de tiempo: fueron tres años en los que lo que llegué a aprender ahí la verdad es que ahora ya no lo recuerdo por el simple hecho de que no me sirve para nada. Aunque fue en ese periodo en el que hice las pocas amistades que hasta la fecha conservo. La verdad no tengo mucho de qué hablar al respecto.

1 Tibia: videojuego en internet en tiempo real.

Y por fin llegamos a la universidad, que es donde me encuentro ahora. Yo comencé mi carrera universitaria en la misma escuela donde realicé mi preparatoria. Supongo que no lo pensé demasiado y me dejé seducir por las becas y la facilidad de los trámites. Aparte porque mi padre trabaja ahí, lo cual suponía una ventaja administrativa (posteriormente comprobé varias veces que así sería). La carrera se llamaba Ingeniería en Sistemas Computacionales y Electrónica. Caray, con ese nombre ¿cómo pensarlo dos veces? Comencé la carrera y me sentía como pez en el agua, como dijo alguna vez un muy apreciado maestro que tuve, “dejamos de ser cabeza de ratón y nos convertimos en cola de león” ya era nivel profesional, y el simple hecho de utilizar esa palabra me emocionaba cabrón. Todo iba muy padre los primeros semestres, cuando por ahí del tercero o cuarto se hizo evidente la lentitud con la que avanzábamos en la carrera. Me di cuenta que todos los temas los estábamos viendo a medias, y yo, al ser muy curioso sobre el porqué de todo, no estaba satisfecho en lo absoluto. Aparte que muchos de mis compañeros de ese entonces la verdad sólo estaban ahí porque era extremadamente fácil cursar la carrera y conseguir el título. Lo cierto es que desenvolverme en ese ambiente comenzó a darme una weba tremenda, tanta mediocridad me daba asco y el hecho de pensar que en ese lugar no podría desarrollar todo mi potencial me aterraba. No fue hasta un día de la primavera del 2010 que gané un volado contra mí mismo, y con eso decidí largarme de ahí de una vez por todas y comenzar de nuevo en otro lugar.

Ese otro lugar fue el Instituto Tecnológico de Ciudad Madero, una universidad para ingenieros supuestamente muy reconocida a nivel nacional, cuyos alumnos han ganado numerosos primeros lugares en concursos de creatividad, matemáticas, química, entre otras materias. Para entonces yo ya tenía otros ojos, y las becas y las facilidades de trámites ya no eran factor para decidirme. Conseguí que me revalidaran un semestre de lo ya cursado en mi carrera anterior, y tal como ocurrió aquella primera vez, sentía que no podría estar en un mejor lugar. Estaba en una universidad dedicada exclusivamente para ingenieros. El hecho de ir por los pasillos y escuchar a alguien hablando sobre algún proyecto era genial. Estaba aprendiendo cosas que jamás me hubiera imaginado que existían y lo que en un principio me había costado comenzar de nuevo en otro lugar, ahora sabía que había valido la pena. Sólo había un problema, se trataba de una universidad pública, lo cual supone una extrema burocracia y lo que es peor aún: corrupción.

La corrupción es exagerada, la hay por todo lo cual significa que la gran mayoría (estoy hablando tentativamente de 17 de cada 20 personas) manejan su carrera a través de la corrupción. Es de lo más común, al grado de que existe una oficina, no oficial por supuesto, dedicada exclusivamente al trámite de sobornos. ¡Esto me parece terriblemente patético! ¿Por qué mejor no se van a Tepito que por dos mil pesos te tienen tu título certificado en una semana? No sé de qué se trata, o a qué le tira la gente. Se supone que un ingeniero debe ser curioso, cuestionarse el porqué de todo y encontrar una explicación de por qué ocurren las cosas como ocurren. Si bien viene implícito en el término, se trata de tener ingenio. Es raro toparme con una persona en el Tec que piense de esta manera. El primer semestre tengo entendido que otro chavo aparte de mí fuimos los únicos que no pagamos al profe que nos quería bajar mil baros para pasar. Nos lo chingamos, nos pasó y no nos cobró. El segundo semestre el profe era un webón bueno para nada, faltó tres semanas seguidas y la raza (me incluyo) no sabía qué hacer a la hora del examen. Dediqué gran parte del semestre a leer libros de la materia, a estudiar por mi cuenta, al grado de terminar dándole clase al resto de mis compañeros, haciendo el trabajo de mi profesor. Yo fui el único noventa de los tres grupos a quienes dio clases ese pendejo, del resto, la gran mayoría pagaron por su setenta. Y ahora en este tercer semestre estoy de nuevo en la cuerda floja. Esta vez tengo la certeza de que fui el único quien no pagó el soborno, lo cual me pone en una clara desventaja. Y como las calificaciones se compraron a mediados de semestre, pues el profesor ya está contento, ya no tiene muchas razones para seguir viniendo a dar clases.

Es evidente que la educación en México es muy deficiente. En mi particular caso, la educación en México es sólo un pretexto, un motivo para realizar negocios, es sólo una idea que un grupo de monjas venden a los padres para hacerlos creer que tendrán una educación excelente en su primera etapa de formación; es una institución que se mantiene actualmente sólo para que el alumno le pague el chupe a su profesor, porque de desaparecer ésta, el bastardo tendría que pagarse sus propios vicios. ¿Qué te enseñan en la primaria? ¿Los adverbios y el objeto directo e indirecto? Eso es algo que se aprende de la literatura ¿De qué sirve saber qué son si ni siquiera fomentan la lectura? ¿Y en la secundaria? ¿Los ríos de Europa y la capital de Noruega? Como si esos conocimientos me fueran a generar el dinero que necesito para siquiera conocer el Sena u Oslo. ¿La historia trastornada y manipulada historia de México? ¿La ley de la conservación de la materia y energía? ¡¿Qué putas va a hacer un morro de 13 con esa información?! Mejor enseñen valores y educación sexual de una manera que realmente se puedan comprender, no con dinámicas estúpidas y documentales de los 80’s.

Es lamentable la educación en nuestro país, se lleva como un protocolo y nunca se cuestiona nada sobre el mismo. Como dije, la educación en México es sólo un pretexto, educar a las nuevas generaciones es lo que menos importa en las instituciones educativas, ahora se trata solamente de pagar una cantidad razonable para mantener contenta a la institución y esperar algún día conseguir el pinche papel que diga que ya somos profesionales.

Toda mi vida he desencajado del contexto en el que me intento desarrollar, siempre estuve buscando un mejor lugar para mí, y desenvolverme con personas más de acuerdo con mi manera de pensar. Luego de tanto buscar y no encontrar ese lugar, he decidido rendirme. No rendirme en cuanto a olvidar mis principios, sino en aceptar que esta sociedad no los tiene y que nunca voy a encajar en la misma. Lo cierto es que ahora ya no tengo a dónde “huir” esta es mi última oportunidad y debo hacer lo mejor que se pueda con lo que tengo, esperando algún día tener los recursos para irme de aquí, a un lugar donde pueda encontrar para mis hijos una mejor calidad de vida. Lo siento mucho, México.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Reunión Familiar.

Este día terminó con la celebración del cumpleaños del tío Rafael: una cena sencilla en su casa, con los tíos, la abuela y los nietos. Mitades de sándwiches, unas de jamón y otras con queso para acompañar, papitas, aceitunas y ensalada de atún. Mis tíos sentados en el comedor y nosotros, los primos, de pié o participando desde lejos en la sala, como de costumbre, discutiendo sobre temas de política y sociedad, sosteniendo con firmeza cada quien su punto, convencido de que todos los demás están equivocados.

-Es que Carlos, el problema viene de muy atrás, el PRI hizo y deshizo lo que quiso durante setenta años.

-No, no, no Falito, estás equivocado… –“Falito”, como también se le conoce al tío Fal, o Rafael, en tiempos de discusión- el problema es que los mugrosos ratas diputados no están haciendo su trabajo como deberían, ¿vedá?, y nosotros… y nosotros claro terminamos jodiéndonos. Tienes que informarte antes de hablar Falito.

Cada quien es un personaje único, quienes nosotros los nietos tenemos bien ubicados. Está el tío José Luis, mejor conocido como “Tote” por como Fal le decía cuando comenzaba a hablar, quien sólo presencia la discusión en silencio, hablando sólo lo necesario para hacer enojar aún más al tío Carlos. O Memo, ése a quien le gusta cantar ópera en los baños de los restaurantes. Y por supuesto mi madre, la única mujer entre los cinco hermanos, a quien le importa un comino la discusión, pero ah cómo se divierte al ver a los demás pelearse por sus partidos políticos…

Esta vez nos acompañaba Martha, la abuela, pues el cumpleaños de Fal fue el pretexto perfecto para una nueva cena con la familia, aderezada por esa clásica y eufórica discusión de la que nunca nadie saldrá victorioso... jamás. Mi madre haciéndome caras como de costumbre, burlándose de mis tíos. Pedro y mis demás primos también viendo todo, riéndonos discretamente. Los más pequeños de mis primos y mi hermana atrás jugando Xbox… a ellos les vale madre todo, sólo quieren cenar para seguir jugando.

Después de un rato se acabaron los sándwiches, aunque las cubitas seguían y seguían. Luego vino el pastel y las tradicionales “Mañanitas”. Minutos después ya se habían calmado todos y estaban hablando de otros temas, fue entonces que llegó mi primo Rafa, con una agradable sorpresa para todos: por ahí tenía guardadas cientos de fotos viejísimas de mis abuelos y mis tíos cuando estaban chavos. Se empezaron a pasar las fotos entre ellos, mirándolas con sonrisas en la cara, recordando algunas de ellas, teniendo ninguna idea sobre otras, pero qué agradable momento.

-Carlos ¿ya te viste en esta foto? Jajaja

-¡Mira! Cuando aún no existía la avenida Universidad frente a la casa.

-Mira René –me decía mi abuela mientras me pasaba una foto en blanco y negro- yo, cuando tenía 17 años.

Qué guapa estaba mi abuela. Siendo honestos no parecía de 17 años, se veía más como una señorita de 27, altísima, con un clásico vestido de aquellos años. En aquella foto aparecía también mi abuelo, que en paz descanse, con su saco y pantalones bombachos, y sus zapatos blancos con negro, como todo un buen pachuco de la época, al lado de ella, cuando aún eran novios, o quizás recién casados, no lo sé, hace ya tantos años.

Me parece increíble cómo quedan inmortalizados los recuerdos en las fotografías. No se necesita más que mirarlas para recordar algo que sucedió hace tanto tiempo. Hace más de sesenta años que se había tomado esa foto de mis abuelos, y ahora estaba ahí, en esa mesa, junto con muchas otras, siendo pasada de mano en mano por mi abuela, mis tíos, y mis primos. Cuándo han cambiado, cuánto ha cambiado la familia, cuánto ha crecido.

De pronto comienzo a pensar si algún día, dentro de muchos años, esté yo sentado en una mesa rodeado de mi propia familia, de mi esposa, mis hijos y nietos, tal y como esta noche lo hizo Martha, recordando cenas como la de hoy, platicándole a mis hijos y nietos sobre su tío Carlos, y cómo se ponía a discutir con mi tío Fal. Platicándoles cómo su abuela y bisabuela se reía de ellos cuando peleaban, de las oportunas canciones de ópera de mi tío Memo, de cómo a mi tío Tote le encantaba hacer enojar a sus hermanos. Para entonces ya habrá pasado mucho tiempo de que se hayan ido, pero yo seguiré recordando cenas como esta, y hasta que aquél día ocurra, estaré enormemente agradecido por la hermosa familia que comenzaron a formar mis abuelos, desde hace más de sesenta años.

lunes, 4 de julio de 2011

Si la felicidad no existiera la tristeza pasaría desapercibida.

O viceversa. Hace días publiqué un tuit con el título de esta entrada y pues como últimamente he tenido mucho insomnio, pues he desarrollado un poco la frase y por eso escribo esto. Nuestros estados de ánimo suelen ser varios (enojado, aburrido, nostálgico, hiperactivo, etc) pero básicamente se derivan de dos muy opuestos: felicidad y tristeza. Analicemos la frase de arriba y supongamos que uno de ellos no existe, por ejemplo, la felicidad. Si sacamos a la felicidad de la ecuación, sólo nos queda la tristeza. Em teoría estaríamos todo el tiempo tristes, pero al no tener nada con qué comparar nuestro estado de ánimo, no lo notaríamos. Simplemente nuestra tristeza pasaría desapercibida: nuestra mala suerte o nuestras desgracias, simplemente no las veríamos como tal y nuestro estado de ánimo no se vería afectado, por lo tanto siempre estaríamos en paz con nosotros mismos. Por contradictorio que parezca, seríamos siempre felices. (Haz el análisis al revés y llegarás a la misma conclusión).
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Sí, puede sonar contradictorio, pero de hecho tiene mucho sentido, puesto que "la felicidad es sólo un estado mental". Uno elige cómo sentirse, y hoy en día la gente se lo toma muy en serio. Un claro ejemplo de ello es meterse a la página principal de facebook. Uno entra para ver qué pdo y mínimo una persona pone una :( o algo relacionado. Y como si no fuera suficiente, chingos de personas comentando "qué tienes?", "qué pasa?", alimentando esa negatividad. Hagan memoria, ¿cada cuanto ven esto que les digo y cada cuanto ven un estado de fb tipo "No mamen, qué día tan chingón estoy teniendo, de verdad me la estoy pasando pocamadre"? Pero claro, es mucho más fácil hacerse la víctima.
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Si no tenemos ninguna bronca en nuestra vida y nos preguntan que cómo estamos, sólo contestamos "bien", pero si hay algún pedo por ahí y nos preguntan que cómo estamos (obvio, una persona a quien le podamos contestar sinceramente) le contamos toda la letanía como si fuéramos las personas más desgraciadas de este mundo. De todos los aspectos que conforman nuestra vida (salud, amigos, familia, integridad, trabajo, según El diario de Suzanne de James Patterson) ¿por qué cuando en uno fallamos nos olvidamos de lo bien que estamos en los demás y centramos toda nuestra atención en lo que está mal? A mí mi abuela me decía "da gracias porque tienes qué comer y porque estás vivo" al chile nunca me lo había tomado tan enserio hasta ahora. Gracias abuela por eso.
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Así que la próxima vez que algo malo... o "malo" te suceda acuérdate de esto y no opaques todo lo increíble que tienes en tu vida por una miserable causa. Levántate, sacúdete todo el polvo que sea necesario, y sigue tu camino.

domingo, 13 de marzo de 2011

Un viaje

Ahí estábamos, en ese pequeño cuarto de metro por medio metro de grande, con la luz de un foco parpadeante medio iluminándolo. Ella rodeaba mi cintura con sus piernas, anudando sus tobillos bajo mi espalda, mientras yo presionaba su espalda contra la pared y sumergía mi cabeza entre sus cabellos, besando su cuello. La miraba fijamente a los ojos y pasaba mis manos por debajo de su falda, sujetándola firmemente, mientras ella tiraba de mi cabello de la nuca con una mano, y arañaba mi espalda con la otra. Nuestro mundo se redujo a esa pequeña habitación, todo se resumía en ese absoluto frenesí. Era el hecho de estar en medio de la nada, con ella, con su blusa medio abierta y su brasier apenas cubriendo sus senos perfectos. No era el lugar más apropiado para tener sexo; era exactamente eso lo que lo hacía tan excitante.
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Salimos del baño unos veinte minutos después y la oscuridad del pasillo apenas nos permitió ver a los demás pasajeros aún dormidos. Habíamos esperado a que la película terminase para para iniciar nuestra pequeña aventura. Por fin llegamos a nuestros asientos. Del otro lado del pasillo estaban Carlos y Susana. Él, simulando estar dormido, abrió los ojos y, para no despertarla, sólo me hizo una mueca: "pinches vatos cabrones" me dijo con ella y volvió a cerrar los ojos.
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Llevábamos meses esperando este fin de semana para subirnos al primer autobús que viéramos accesible. En esta ocasión se trataba de un evento realizado en el Tajín para recibir a la primavera. Cientos de casas de campaña extendidas en una explanada gigantezca a varios cientos de metros de la antigua ciudad. Cuando no había concierto de alguna famosa banda mexicana la gente se dedicaba a convivir, sin importar de qué parte de la República viniera, como si se conocieran desde toda la vida. Era un sueño, tanto para turistas como para los lugareños, ese intercambio de culturas. Había cientos de pequeños grupos a los que te podías unir para realizar alguna actividad propia de esa región. Lo cierto es que ya había estado ahi una vez, cuando era más pequeño, lo suficiente como para no saber cómo disfrutar del lugar, pero no tanto como para ignorar todo lo éste que ofrece. Siempre había querido regresar.
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Después de instalarnos decidimos ir a recorrer el lugar, conocer un poco de lo que había, saber cuáles eran nuestras opciones durante esos tres días. Estaba con Laura viendo unas camisas, vestidos, collares entre otras cosas en una tiendilla cuando llegaron Carlos y Susana diciéndonos que esa noche se presentaría Plastilina Mosh y al día siguiente Kinky. La verdad no tenía idea de quiénes se iban a presentar y eso no importaba tanto, yo sabía que serían conciertos geniales. Ciertamente ese viaje prometía ser toda una experiencia.
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Estuvimos vagando por ahí, entre los locales, viendo lo que los lugareños vendían, así como personas de otros lados del país que habían venido a ofrecer sus mercanciás, conociendo a tantas personas de las cuales jamás recordaré su cara, mucho menos su nombre, pero muchas de las cuales nunca olvidaré sus historias. -¡Diego ven! ¿Dónde carajos andas? Ven a ver esto- Era Laura que quería que la acompañara a un local donde hacían de esos moldes de alguna parte de tu cuerpo y te entregaban una escultura de ello. -Dice el señor que podemos poner nuestros rostros en esta placa y que nos la adornará chido. Ándale ándale, Carlos y Susana ya hicieron lo mismo-. Nos dijeron que regresáramos dentro de una hora para recoger el trabajo ya terminado, tiempo que aprovechamos para buscar algo de comer. De pronto llegaron Carlos y Susana, diciéndonos que habían conocido a un grupo de personas que venían de San Luis y que se habían instalado cerca de nuestra tienda de campaña, que nos habían invitado a una fogata que iban a hacer en la noche, después del concierto. Terminamos de comer y recogimos nuestra placa con nuestras caras grabadas. Se veían con madre las expresiones estúpidas que Laura y yo habíamos hecho intencionalmente. Por un lado decía "Cumbre Tajín 2010."
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Fuimos pues los cuatro a la tienda de estos tipos de San Luis, eran tres tipos y cinco chicas, cuatro parejas en total. Personas súmamente agradables y entre plática y plática, juegos, cerveza y quién sabe qué otras madres que te ponen loco se nos fue la tarde.
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Decidimos irnos al escenario a una hora más o menos calculada para no estar ni tan adelante, donde el Slam tiene lugar, ni tan atrás donde apenas puedes ver algo. A pesar de eso tuvimos que esperar un buen rato. Las chicas decidieron aprovechar el tiempo e ir al baño antes de que comenzara el concierto.
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-No mames Carlos, está poca madre este lugar.
-Ya sé cabrón hay que regresar cada año.
-¿Pues por qué crees que siempre te decía que quería regresar?
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Y en eso la gente estalla entre gritos, silvidos y aplausos cuando el dueto de plastilina salió al escenario. Mr. P. Mosh fue con la que abrieron y yo estaba de que no mames, si escuchándola en cualquier lado me pone bien loco, en concierto era otro pedo. Pero aun no podía unirme al desmadre, ni Laura ni Susana habían regresado. Estuve volteando hacia todos lados para encontrarlas, al igual que Carlos, saltando por encima de la gente mirando hacia afuera para poder verlas. De pronto se me trepa alguien a la espalda de un brinco. -Jaja pareces idiota saltando de espaldas al escenario- me dijo. -Pinche Laura pues si las andábamos buscando-.

De ahí en adelante el tiempo dejó de transcurrir. Una rola tras otra, sin descanzo, saltando, gritando los coros y leperada y media. La gente deshinibida por completo. Cientos de vasos con quiero pensar cerveza volando de un extremo al otro de la gente. Después de seis o siete rolas tuve que detenerme unos segundos para tomar aire. Me agaché un poco y puse mis manos en mis rodillas viendo hacia el suelo. De pronto volteo a mi derecha y pude ver a Laura, casi en cámara lenta, con los brazos extendidos, gritando, saltando. Me di cuenta de lo genial que era estar en medio de toda esa gente, pero sobre todo, con las tres personas más importantes de mi vida.
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Después del concierto nos fuimos con los de San Luis a la fogata como ya habíamos quedado. Esa noche no dormiría, ni la siguiente, más que unas tres o cuatro horas, al igual que los demás. El concierto de Kinky al día siguiente fue igual o mejor que el de Plastilina. Voladores de Papantla, otra fogata la noche siguiente, un tatuaje similar para cada uno de los cuatro, la resaca por las mañanas, los tacos grasosos de quién sabe qué diablos por la tarde, dolor de pies, ojeras cabronsísimas. Todo en conjunto, era genial, era una de las mejores experiencias de mi vida. Carlos, a ver cómo chingados le hacemos, tenemos que regresar el siguiente año.

martes, 18 de enero de 2011

Es de sabios arrepentirse.

Dicen que no es bueno arrepentirnos de nuestro pasado, que porque cada una de las acciones que hayamos cometido (o dejado de cometer) en todos los puntos de nuestra vida es lo que nos ha llevado a ser quienes somos ahora. Y bueno, uno debe siempre de estar en paz consigo mismo.
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He escuchado a muy y no tan muy cercanos amigos decir que no se arrepienten de nada de su pasado. Tales afirmaciones me parecen admirables en verdad, sin embargo me cuesta creer que así sea. Pienso que algunas de esas personas lejos de no arrepentirse, lo que hacen es resignarse, saber que en algun momento de su pasado la cagaron, pero no pueden hacer nada al respecto. Tal y como me sucede a mí. Pienso que no arrepentirse de nada es decir que cada día de tu vida lo has vivido a la perfección, como si fueras un ser humano perfecto, que en todos casos ha sabido tomar las decisiones correctas, sin equivocarse. Es eso precisamente lo que me cuesta creer, por que, hasta donde yo sé, la vida es una maldita perra a la que hay que aprender poco a poco a llevarla, y nosotros comenzamos siendo solo unos inofensivos e inexpertos exploradores.
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Todos hemos tenido errores. Que sepamos aprender de ellos y sacarles el mayor provecho es otra cosa, pero yo no puedo evitar preguntarme qué distinta sería mi vida si no hubiera tropezado en alguno de ellos. Ojo, no estás en el blog de una persona que carga con culpas de su pasado y que mucho menos se deprime por lo pinche patética que es su vida, al contrario, si haz leído algunas de mis entradas anteriores, podrás darte cuenta que el cavilar sobre la vida, y el optimismo, por contradictorios que puedan ser, son parte de mi personalidad.
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Y bueno, todo esto ha surgido debido a que me acaba de suceder cierto suceso (la redundancia fue a propósito, gracias por tu observación). Me acaba de pasar, bola de chismosos, que en estos momentos de mi vida me doy cuenta que dejar ir a una persona de mi pasado, que en aquél momento lo sentía prudente, ha desencadenado una serie de eventos a lo largo de aproximadamente cinco años los cuales me han traído a escribir todo este mal-inspirado texto. Hoy tengo (escasos) veinte años, lo que nos remonta a un pasado en el cual era un puberto baboso de quince que tomaba decisiones basadas en malinformaciones acerca de sí mismo. En otras palabras, no me conocía lo suficiente y le dí prioridades a otras cosas.
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Es por eso que decidí hacer esta entrada y decir que YO SÍ ME ARREPIENTO DE ALGUNAS COSAS DE MI PASADO. Sin embargo, como ya mencioné anteriormente, uno no puede hacer nada con su pasado sino recordarlo y aprender de lo que hemos hecho y no me queda más que seguir adelante.
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Y bueno, para finalizar, a esa persona, donde quiera que esté, si es que está leyendo esto, quiero que sepa que le deseo una buena vida, tan divertida y llena de experiencias como yo intentaré vivir la mía.
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Gracias y hasta pronto. (<--- ¡Ay! qué pinche trillado sonó eso, ¿verdad?)