domingo, 13 de marzo de 2011

Un viaje

Ahí estábamos, en ese pequeño cuarto de metro por medio metro de grande, con la luz de un foco parpadeante medio iluminándolo. Ella rodeaba mi cintura con sus piernas, anudando sus tobillos bajo mi espalda, mientras yo presionaba su espalda contra la pared y sumergía mi cabeza entre sus cabellos, besando su cuello. La miraba fijamente a los ojos y pasaba mis manos por debajo de su falda, sujetándola firmemente, mientras ella tiraba de mi cabello de la nuca con una mano, y arañaba mi espalda con la otra. Nuestro mundo se redujo a esa pequeña habitación, todo se resumía en ese absoluto frenesí. Era el hecho de estar en medio de la nada, con ella, con su blusa medio abierta y su brasier apenas cubriendo sus senos perfectos. No era el lugar más apropiado para tener sexo; era exactamente eso lo que lo hacía tan excitante.
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Salimos del baño unos veinte minutos después y la oscuridad del pasillo apenas nos permitió ver a los demás pasajeros aún dormidos. Habíamos esperado a que la película terminase para para iniciar nuestra pequeña aventura. Por fin llegamos a nuestros asientos. Del otro lado del pasillo estaban Carlos y Susana. Él, simulando estar dormido, abrió los ojos y, para no despertarla, sólo me hizo una mueca: "pinches vatos cabrones" me dijo con ella y volvió a cerrar los ojos.
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Llevábamos meses esperando este fin de semana para subirnos al primer autobús que viéramos accesible. En esta ocasión se trataba de un evento realizado en el Tajín para recibir a la primavera. Cientos de casas de campaña extendidas en una explanada gigantezca a varios cientos de metros de la antigua ciudad. Cuando no había concierto de alguna famosa banda mexicana la gente se dedicaba a convivir, sin importar de qué parte de la República viniera, como si se conocieran desde toda la vida. Era un sueño, tanto para turistas como para los lugareños, ese intercambio de culturas. Había cientos de pequeños grupos a los que te podías unir para realizar alguna actividad propia de esa región. Lo cierto es que ya había estado ahi una vez, cuando era más pequeño, lo suficiente como para no saber cómo disfrutar del lugar, pero no tanto como para ignorar todo lo éste que ofrece. Siempre había querido regresar.
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Después de instalarnos decidimos ir a recorrer el lugar, conocer un poco de lo que había, saber cuáles eran nuestras opciones durante esos tres días. Estaba con Laura viendo unas camisas, vestidos, collares entre otras cosas en una tiendilla cuando llegaron Carlos y Susana diciéndonos que esa noche se presentaría Plastilina Mosh y al día siguiente Kinky. La verdad no tenía idea de quiénes se iban a presentar y eso no importaba tanto, yo sabía que serían conciertos geniales. Ciertamente ese viaje prometía ser toda una experiencia.
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Estuvimos vagando por ahí, entre los locales, viendo lo que los lugareños vendían, así como personas de otros lados del país que habían venido a ofrecer sus mercanciás, conociendo a tantas personas de las cuales jamás recordaré su cara, mucho menos su nombre, pero muchas de las cuales nunca olvidaré sus historias. -¡Diego ven! ¿Dónde carajos andas? Ven a ver esto- Era Laura que quería que la acompañara a un local donde hacían de esos moldes de alguna parte de tu cuerpo y te entregaban una escultura de ello. -Dice el señor que podemos poner nuestros rostros en esta placa y que nos la adornará chido. Ándale ándale, Carlos y Susana ya hicieron lo mismo-. Nos dijeron que regresáramos dentro de una hora para recoger el trabajo ya terminado, tiempo que aprovechamos para buscar algo de comer. De pronto llegaron Carlos y Susana, diciéndonos que habían conocido a un grupo de personas que venían de San Luis y que se habían instalado cerca de nuestra tienda de campaña, que nos habían invitado a una fogata que iban a hacer en la noche, después del concierto. Terminamos de comer y recogimos nuestra placa con nuestras caras grabadas. Se veían con madre las expresiones estúpidas que Laura y yo habíamos hecho intencionalmente. Por un lado decía "Cumbre Tajín 2010."
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Fuimos pues los cuatro a la tienda de estos tipos de San Luis, eran tres tipos y cinco chicas, cuatro parejas en total. Personas súmamente agradables y entre plática y plática, juegos, cerveza y quién sabe qué otras madres que te ponen loco se nos fue la tarde.
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Decidimos irnos al escenario a una hora más o menos calculada para no estar ni tan adelante, donde el Slam tiene lugar, ni tan atrás donde apenas puedes ver algo. A pesar de eso tuvimos que esperar un buen rato. Las chicas decidieron aprovechar el tiempo e ir al baño antes de que comenzara el concierto.
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-No mames Carlos, está poca madre este lugar.
-Ya sé cabrón hay que regresar cada año.
-¿Pues por qué crees que siempre te decía que quería regresar?
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Y en eso la gente estalla entre gritos, silvidos y aplausos cuando el dueto de plastilina salió al escenario. Mr. P. Mosh fue con la que abrieron y yo estaba de que no mames, si escuchándola en cualquier lado me pone bien loco, en concierto era otro pedo. Pero aun no podía unirme al desmadre, ni Laura ni Susana habían regresado. Estuve volteando hacia todos lados para encontrarlas, al igual que Carlos, saltando por encima de la gente mirando hacia afuera para poder verlas. De pronto se me trepa alguien a la espalda de un brinco. -Jaja pareces idiota saltando de espaldas al escenario- me dijo. -Pinche Laura pues si las andábamos buscando-.

De ahí en adelante el tiempo dejó de transcurrir. Una rola tras otra, sin descanzo, saltando, gritando los coros y leperada y media. La gente deshinibida por completo. Cientos de vasos con quiero pensar cerveza volando de un extremo al otro de la gente. Después de seis o siete rolas tuve que detenerme unos segundos para tomar aire. Me agaché un poco y puse mis manos en mis rodillas viendo hacia el suelo. De pronto volteo a mi derecha y pude ver a Laura, casi en cámara lenta, con los brazos extendidos, gritando, saltando. Me di cuenta de lo genial que era estar en medio de toda esa gente, pero sobre todo, con las tres personas más importantes de mi vida.
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Después del concierto nos fuimos con los de San Luis a la fogata como ya habíamos quedado. Esa noche no dormiría, ni la siguiente, más que unas tres o cuatro horas, al igual que los demás. El concierto de Kinky al día siguiente fue igual o mejor que el de Plastilina. Voladores de Papantla, otra fogata la noche siguiente, un tatuaje similar para cada uno de los cuatro, la resaca por las mañanas, los tacos grasosos de quién sabe qué diablos por la tarde, dolor de pies, ojeras cabronsísimas. Todo en conjunto, era genial, era una de las mejores experiencias de mi vida. Carlos, a ver cómo chingados le hacemos, tenemos que regresar el siguiente año.

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