domingo, 20 de septiembre de 2009

Color my heart

Un día gris como cualquier otro. Me despierto con el roce de la cortina en mi mejilla que se mueve al compás de una repentina ráfaga de viento. Estoy en el mismo departamento de hace siete meses, y las paredes y el suelo en blanco y negro ya no son nada nuevo en mi vida. Todo es gris, con distintas tonalidades que permiten el sentido de profundidad y luz en mis ojos. Llego a la ventana con un café en la mano que me preparé en la cocina y me dispongo a aspirar un buen trozo de aire y me percato de las mismas caras grisáceas de cada día que aparecen allá abajo en la calle; edificios, avenidas, personas, cielo, sol... todo es gris. Un piano se escucha lejos, e interpreta esa canción de Broove llamada Heartbeats. Los tonos en blanco y negro no le dan demasiado sentido a las cosas, sin embargo, todo ocurre por alguna extraña razón que nadie comprende. El mundo se ha vuelto gris. La felicidad es algo de lo que ahora hablan los ancianos, cuyas barbas grises combinan con el contexto y los charcos en la acera ya no sirven más para que los niños jueguen. Incluso el centro amarillo de las flores que están en la entrada de los edificios se volvieron del mismo gris que la acera en la que han crecido. Sólo sus pétalos siguen del mismo color, y eso es por que siempre han sido blancos. Sin embargo, yo sé que aún aún estás tú en el mundo, en algún lugar y estoy decidido a llegar a tí puesto que tú eres un punto de color en un mundo de cenizas. En un mundo monocromático, buscaré en las profundidades de la Tierra y en los límites del cielo por tí.

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