El reloj marca las diez con veinticinco de la mañana de un magestuoso Viernes en el que el sonido de las gotas copleando las hojas de los árboles y el motor del abanico que está en el tres conforman el soundtrack del momento y me hacen sentir tranquilo. En la ventana, unos ríos verticales escurren por el vidrio y de pronto me doy cuenta que todo está tal y donde debe estar. Hoy será un gran día.
Saludos
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